REYNAZUL.

jueves, 25 de mayo de 2017

Historia de vida en Córdoba Jeremías, el recolector que rescata juguetes de la basura para dárselos a los chicos pobres Cada día separa de los residuos los objetos que le podrían servir a otro. Una foto en Facebook lo hizo famoso.

Una foto conmovió al país. Muestra a Jeremías Bazán, un cordobés de 21 años que trabaja como recolector de residuos. En su mano, en vez de una bolsa de basura, lleva un oso de peluche gigante que rescató de los despojos, y se lo regaló a un nene que no tenía nada para jugar. Con este simple gesto -cotidiano para él, pero desconocido para el resto- se convirtió en un "héroe" de la noche a la mañana.

En todo el país hay 4.100 villas y el 40% está en la Provincia

El muchacho vive en el barrio Santa Isabel Sección 2. El viernes a las 8.30 alguien le sacó la foto que se viralizó en las redes sociales. No sabe quién fue. "Me di cuenta recién a la noche, cuando me etiquetaron en Facebook", cuenta en diálogo telefónico con Clarín. La imagen rápidamente se viralizó y lo entrevistaron en distintos medios. "Llegó a la gente. Me saludan por Facebook, desde toda la Argentina. Y me saludan en la calle. Me dicen que tengo que ir al Bailando", cuenta entre risas.

Lo que a tantas personas llamó la atención, para él es habitual. "Es algo que hago todos los días. Siempre estuve con los chicos. Si veo un juguete, se los doy", explica. Cuenta que es frecuente encontrar algún juguete tirado en la basura. "Lo levanto y se lo llevo a un chico en el subte, o lo llevo a una Copa de Leche, que son comedores de las villas, a los que voy con frecuencia", relata.
"Encontré muchas cosas: ropa, colchas, y zapatillas. Cosas que hoy en día hacen falta", continúa Jeremías, y agrega que sus compañeros también están atentos. Cuando ven algo que puede ser de utilidad, lo levantan y se las dan a quienes lo necesitan. Respecto al muñeco de la foto, "estaba en una bolsa, pero se le salía el bracito", explica. El muchacho lo sacó, lo limpió, y se lo regaló a un nene que vio caminando por la calle, que tenía la ropa rota.
Si de necesidades se trata, Jeremías puede hablar en primera persona. "Yo de chico tuve que trabajar, desde los 10 años, ayudando a mi mamá. No tenía tiempo para jugar, y tampoco tenía juguetes", recuerda. Luego trabajó en una panadería, en bailes, y fue mozo. Todo, desde muy temprana edad. Por eso ahora no duda en resaltar que "hay que disfrutar la niñez". También destaca la importancia del estudio, algo que no pudo hacer en su momento, pero tuvo una revancha. "En el trabajo donde estoy brindan una escuela. Estoy haciendo el secundario a distancia", dice con orgullo.
Desde hace un año y medio, se dedica a la recolección de residuos. Arranca bien temprano a las 6 y termina a las 14, de lunes a sábados. Lo define como un trabajo "agotador", que lo obliga a correr varios kilómetros por día. También, como una actividad "muy riesgosa" porque se encuentra con jeringas, con vidrios, y con personas que "llegan tarde al trabajo y no pueden esperar cinco minutos". Uno de ellos lo chocó con su auto y lo lastimó en la rodilla.
Todo su esfuerzo hoy es reconocido por la comunidad, que festeja sus actos solidarios en las redes sociales y en la calle. ¿Qué siente ante la inesperada viralización de su historia? Lo responde en cuatro palabras: alegría, felicidad, orgullo y emoción. fuente: clarin.com
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