REYNAZUL.

martes, 8 de diciembre de 2015

Captagon, la poderosa droga de los terroristas Mucho porro, cerveza y poca religión en la vida de los atacantes Contiene la anfetamina fenetillina que, a menudo mezclada en cafeína, inhibe el dolor y la sensación de miedo. Su principal productor es Siria.

Los terroristas autores de los atentados en París pudieron haber estado bajo el efecto de Captagon, una anfetamina muy difundida en Medio Oriente y hallada en la sangre de otros atacantes suicidas del Estado Islámico.
Así lo escribió la prensa francesa en base al hallazgo de algunas jeringas en las habitaciones usadas como base de los terroristas, en un hotel y un departamento en los suburbios de París.
“Algunas jeringas, conteniendo esta sustancia, fueron halladas en varios lugares donde vivió Salah Abdeslam, un miembro de los comandos que cometieron los ataques del 13 de noviembre, y en las casas de algunos cómplices”, afirmó el sitio de la revista Le Point.
El Captagon contiene la anfetamina fenetillina a menudo mezclada en cafeína, y estaba en la sangre de Seifeddine Rezgui, uno de los autores del atentado sobre la playa en Túnez del 26 de junio pasado, donde murieron 39 personas.
“Como todas las otras anfetaminas, esta droga aumenta la resistencia al cansancio y la atención, además de causar una pérdida del juicio. Da la impresión a quien la consume de ser omnipotente, una especie de ‘rey del mundo’”, explicó a Ciencia y Futuro Jean-Pol Tassin, un neurobiólogo del Instituto Nacional de la Salud e Investigación Sanitaria. 
Además inhibe el dolor y la sensación de miedo. El Captagon, cuya dosis puede costar entre 5 y 20 dólares, nació inicialmente para ser usada  por los jóvenes de familias ricas de las monarquía del Golfo Pérsico. Pero hace tiempo, dice el diario El Mundo, que ha encontrado un nuevo y enorme mercado en Siria, hasta el punto de que ese país se ha convertido en su primer productor, y los milicianos embarcados en la guerra santa, en us principales consumidores.
Los yihadistas que viven ocultos en Europa, como los que atacaron el viernes en París además consumen otro tipo de drogas más comunes como marihuana y toman alcohol, algo prohibido por el islam. Es más, el Estado Islámico puede llegar a condenar a muerte a una personas que consume alcohol. 
En el bar “Les Béguines”, en Molenbeek, Bélgica, los hermanos Brahim y Salah Abdeslam que particparon el viernes en los atentado de París, reza un cartel en la puerta: “Cerrado por consumo de sustancias alucinógenas prohibidas”.
Allí los hermanos, al parecer dueños del local, “bebían Jupiler”, cerveza popular belga, lejos de las reglas salafistas, sin despertar una atención particular de la policía.
Pero los efluvios de cannabis terminaron por llamar la atención de la policía: a mediados de agosto, cuando los agentes se presentaron en el bar, en la planta baja de un pequeño edificio de ladrillos rojos, descubrieron “numerosos ceniceros, algunos con porros parcialmente consumidos”, según el acta administrativa del cierre, sellada en la puerta el 5 de noviembre.
Desde entonces, los vecinos no escucharon hablar más de ellos. Hasta el sábado por la tarde, al día siguiente de los ataques de París en los que Brahim, de 31 años, dueño del bar, se hizo estallar en el Boulevard Voltaire.
En cuanto a Salah, de 26 años, sospechoso de ser miembro de uno de los comandos, se encuentra en fuga.
“Allá (en el bar), mucha gente fumaba droga, demasiada”, dice Abdel, de 34 años, que frecuenta el lugar desde la adolescencia.
“Con el dueño anterior, el ambiente era más festivo, podíamos jugar con la Playstation”, recuerda.
“Por supuesto, ya había hachís, como en muchos bares de aquí, pero era más discreto. Con Brahim, apenas entrabas y ya trataba de venderte algo”, dice.
Al parecer los negocios se impusieron por sobre las convicciones religiosas. “Los viernes se quedaba siempre para fumar en la terraza. Nunca lo vi en la mezquita”, señala Karim, de 27 años, cuyo departamento está situado justo arriba del bar.
No eran ni practicantes ni devotos. No tenían una barba prominente, iban de vaquero y zapatillas y tomaban su Jupiler como todo el mundo”, ríe Jamal, educador y amigo de los hermanos Abdeslam.
(Fuente: agencias). ver nota completa en su fuente: clarin.com
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