REYNAZUL.

lunes, 7 de septiembre de 2015

La historia del pueblo que se complotó para estafar a dos hermanos Córdoba.Las víctimas tienen problemas mentales. Les compraron a mitad de precio parte de un campo y se quedaron con la casa. Entre los acusados hay empresarios, abogados, un juez, una escribana y un parapsicólogo.

Se unieron con un objetivo claro: estafar a una familia que no podía defenderse. Eso hicieron 15 vecinos notables de la rica ciudad cordobesa de Morteros, acusados de quedarse con una herencia millonaria que dos hermanos y su mamá, los tres con problemas mentales, habían cobrado en 2008.
El caso comenzó a ser investigado en 2011, luego de que una chica denunciara que había sido abusada y que dormía en la calle. La fiscal a cargo de la causa, Bettina Croppi, logró identificar a la víctima. Era Lucía Clemente. Vivía en una casa destruida por los años y la humedad junto a su hermano, Nélson, y la madre de ambos, Liliana. Pero había algo que no cerraba: a pesar de haber heredado plata y propiedades, los tres estaban en la ruina.
La historia volvió a ser noticia hace algunas semanas, luego de que fuera detenido en Tucumán el último prófugo de esta gran estafa: el parapsicólogo Pedro Benjamín González (37).
Además de “El Brujo” –como conocían al parapsicólogo en el pueblo– en las reiteradas estafas estuvieron involucrados el ex presidente del Colegio de Abogados de Morteros; un abogado que trabaja en el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos; una escribana, el dueño de una radio y un canal de TV; productores rurales, propietarios de concesionarios de autos, un contador y un juez de Faltas.
Todas gozaban de un importante prestigio en una ciudad de 20 mil habitantes, ubicada a 260 kilómetros de la capital cordobesa. Los 15 sospechosos fueron imputados por “aprovechamiento de incapaces”. A tres de ellos se les amplió la acusación por estafa.
La cinematográfica historia se remonta a 2004. Ese año, el carpintero Nelson Clemente heredó una pequeña fortuna de un tío. En realidad, el beneficiario era su hermano, quien se había hecho cargo del cuidado de su pariente, un productor rural. Pero el hermano de Nelso murió y el carpintero se hizo con un campo ubicado en Colonia Dos Hermanos –en las afueras de Morteros–, valuado en más de US$ 2 millones.
Divorciado de su esposa Liliana, quién lo había denunciado por el presunto abuso sexual de su hija Lucía; Nelso Clemente se mudó de Córdoba a Morteros y allí construyó una casa sobre la calle Illia al 300. Mientras, vivía del alquiler del campo de 150 hectáreas dedicado a la explotación lechera.
Cuando murió, en 2008, su viuda Liliana y sus dos hijos, Nélson y Lucía, que tenían 26 y 17 años, regresaron a Morteros. Allí heredaron el campo, la casa, un automóvil modelo 2005 y dinero en efectivo. Fue el comienzo de la tragedia.
“En el pueblo los conocíamos cariñosamente como ‘los loquitos Clemente’. A Nelson, algunos le decían ‘Autito’ o ‘Motito’, porque cuando se iba caminando hacía que se subía a una moto, le pegaba una patada al aire para hacerla arrancar y metía primera con la boca haciendo ruido”, le cuenta a Clarín, un vecino en el bar Belgrano, frente a la plaza San Martín, en pleno centro de la ciudad.
Aprovechando las discapacidades mentales de los Clemente, los productores rurales Daniel y Sergio Rocchiccioli les compraron a un precio irrisorio la mitad del campo, propiedad de Nélson. Los tamberos admitieron al diario La Voz del Interior que pagaron “US$ 6.700 por hectárea”. Luego, agregaron, fueron bajando el precio. En ese momento, el valor de mercado era cercano a los US$ 13 mil. La otra mitad del campo, propiedad de Lucía, no pudo ser vendida, ya que la chica era menor.
El juez de Faltas de Morteros, Diego Scamagnan; y el dueño de Televisora Centro Morteros y la radio LRJ 200, Evelio Masut, se quedaron con la casa de calle Illia. Como parte de pago, entregaron dos viviendas destruidas.
Esa propiedad había sido “curada” por el parapsicólogo Pedro González a cambio de varios miles de dólares: la mujer y sus hijos reventaron a martillazos el jacuzzi, luego de que “El Brujo” les dijera que allí se escondía el diablo.
Además del apoderamiento del campo y de la casa, hubo otros engaños: Norberto Leiva y Marcelo Butigliero, dueños de las concesionarias, les compraron a Nelson autos baratos y se los vendieron caros. Al final de la transacción, la víctima se quedaba con coches viejos y sumaba deudas. Pero había más: hubo casos en los que le cobraron una pizza $ 500 y le llegaron a facturar $ 1.000 por una clase de manejo. fuente: clarin.com
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