REYNAZUL.

lunes, 10 de agosto de 2015

Endometriosis, la enfermedad escondida De difícil diagnóstico y poco conocida aún entre los médicos, la mayoría de las personas que saben que padecen endometriosis han peregrinado por muchos consultorios antes de que les dijeran con exactitud qué les pasaba. Síntomas, tratamientos y testimonios reveladores Por Virginia Poblet.

 Se calcula que en el mundo hay 200 millones de mujeres con endometriosis y muy pocas lo saben. Enmascarada dentro del cuerpo, se instala y avanza. Pero ¿qué es? Su nombre proviene del endometrio, que es el tejido que recubre la parte interior del útero y crece todos los meses. Cuando no se produce un embarazo, este tejido se elimina junto con la menstruación. En algunas mujeres, por causas desconocidas, estas células endometriales pueden ir hacia atrás y quedarse en las trompas o en diversos lugares del cuerpo y siguen comportándose como si estuvieran dentro del útero: crecen y sangran durante la menstruación en la zona donde se afincaron y producen inflamación y cicatrices que adhieren a los órganos entre sí.
La endometriosis es una enfermedad crónica y benigna, no se cura pero es controlable. No existen estadísticas; se calcula que en la Argentina hay alrededor de un millón de mujeres que la padecen. Puede empezar en algún momento desde la primera menstruación hasta la menopausia. Si se la descubre a tiempo se puede revertir, pero el gran problema es que se tarda entre 7 y 12 años en ser diagnosticada porque es difícil de detectar y porque muchos médicos no la conocen. Mientras no se la detecta, la enfermedad puede avanzar y traer otras complicaciones. En algunas ocasiones puede localizarse en cicatrices quirúrgicas, intestinos, recto, vejiga, vagina y hasta llegar a los pulmones.
Si bien algunas mujeres que la padecen no presentan síntomas, la mayoría siente un dolor tan intenso al menstruar que les impide continuar con su vida cotidiana. Lo peor es que al consultar muchas veces les dicen que es normal, que tienen un umbral de dolor muy bajo y las mandan al psicólogo. Pasan unos diez años aguantando estos padecimientos y cuando quieren tener hijos no pueden, porque uno de los síntomas de la endometriosis es, justamente, la infertilidad.
Diagnostico y tratamiento
En algunos casos puede ser detectada mediante una resonancia magnética o una ecografía transvaginal, pero eso dependerá de si la endometriosis no está demasiado escondida y si el médico que realiza los estudios sabe de qué se trata. El diagnóstico certero lo brinda la laparoscopía, una intervención quirúrgica que consiste en introducir, mediante una pequeña incisión en el abdomen, una camarita con la que el especialista observa la zona afectada y quita los tejidos y los quistes que se hayan formado.
Otro tratamiento efectivo son los anticonceptivos. El gran inconveniente es que la endometriosis muchas veces se detecta porque se ha estado buscando un hijo que nunca llegó y los anticonceptivos detienen la enfermedad, pero también generan mucha angustia porque esa mujer quiere ser madre. Por este motivo se están llevando a cabo estudios con diferentes drogas en busca de un tratamiento que no impida la fertilidad. Hasta ahora el más prometedor es el resveratrol, un antioxidante natural que se publicita como "la droga de la vitalidad" y es de venta libre. Ha sido muy efectivo en cultivo de células de pacientes, pero aún no se han podido llevar a cabo los ensayos clínicos.
EN PRIMERA PERSONA
Estos son los testimonios de algunas de las mujeres que sufrieron esta enfermedad.
El calvario de Paula
Paula Benítez tiene endometriosis grado IV, localizada en intestino, riñones, vejiga, útero por dentro y por fuera, trompas y ovarios. Con su primera menstruación, a los 14 años, empezaron los dolores. "Eran calambres que me doblaban, como un dolor de muelas que te querés dar la cabeza contra la pared. A los 17 años la ginecóloga me dijo que se me iban a pasar cuando quedara embarazada. A los 22 años tenía dolores con las relaciones sexuales, me mandaron a hacer una ecografía transvaginal y de ahí directo al cirujano; él me explicó que tenía endometriosis. Me hicieron una cirugía, me sacaron una barbaridad de quistes y me limpiaron las trompas", cuenta. Seis meses después le apareció la misma cantidad de endometriosis y la volvieron a operar. Después de un tiempo de tratamiento con pastillas anticonceptivas, Paula se cansó y abandonó todo. Estuvo cuatro años sin ir al médico. Ya con ganas de ser madre consultó a otro especialista que le hizo una laparoscopía pero no logró limpiarle las trompas. "A los 28 años hice dos tratamientos de fertilidad de alta complejidad que no prosperaron. En 2014 me volvieron a operar, me sacaron las dos trompas. Después de esta última intervención los dolores bajaron a la mitad. Es grandioso poder toser, reírme, estornudar y que no me duela".
La esperanza de María Florencia
"A los 17 años hice mi primera consulta ginecológica porque sangraba de manera profusa y me dolían los ovarios, los riñones, todo alrededor de la cintura, sólo se atenuaban acostada en posición fetal. Me recetaron anticonceptivos. A los 30 empecé a buscar un embarazo, pero al año y medio el bebé no llegaba y sin pastillas mis dolores menstruales eran muy fuertes. En ese lapso conocí la existencia de la endometriosis por una compañera de la facultad y se lo planteé a la ginecóloga. Me hicieron unos estudios que me dieron bien y la descartaron. Fui a dos especialistas en fertilidad, cada uno me hizo estudios de sangre, de hormonas, etc. y todo daba bien, así que probamos con una inseminación. Me hice tres, ninguna prosperó. Yo insistía con la endometriosis, pero todos los médicos la descartaban. Cinco años estuve buscando un embarazo. En 2011 fui al médico de mi compañera y le detallé mi situación, mis síntomas, mis estudios y mis sospechas. Ni lo dudó: la segunda vez que lo vi fue adentro de un quirófano. El diagnóstico con mi primera laparoscopia fue endometriosis severa. Tenía focos repartidos por los ovarios y las paredes del útero pegadas. A partir de ahí mi vida cambió: no tuve más dolor, nunca más tomé calmantes ni anticonceptivos. Hice tres inseminaciones artificiales con resultados negativos; me volvieron a hacer una laparoscopía y me sacaron otros dos focos chiquititos. Ahora estoy encarando el tratamiento de fertilidad", cuenta María Florencia Asencio, con la esperanza renovada de quedar embarazada. •

SINTOMAS Y ALERTAS

Algunas mujeres pueden tener endometriosis y no sentir nada, pero muchas sufren algunas manifestaciones por las que deberían consultar con un especialista. Estas son:
• Períodos menstruales muy dolorosos.
• Dolor abdominal bajo antes y durante la menstruación.
• Calambres por una o dos semanas antes y durante la menstruación. Pueden ser permanentes y muy intensos.
• Dolor durante la relación sexual.
• Dolor al defecar durante la menstruación.
• Pueden presentarse en cualquier momento dolores en la pelvis y lumbago.
• Tener períodos menstruales frecuentes o con mucho sangrado o que duran siete o más días.
• Fatiga.
• Problemas de fertilidad.
• Antecedentes familiares.
Grados
La gravedad de la endometriosis se clasifica según dónde se localizan los tejidos invasores, su diámetro, profundidad y densidad de las adherencias, y se determina mediante una laparoscopía. Se divide en:
• Grado I –Mínima: los implantes endometriósicos se presentan aislados y sin adherencias.
• Grado II – Leve: los implantes son superficiales y están adheridos o diseminados sobre la superficie del peritoneo y ovarios.
• Grado III – Moderada: hay tejidos múltiples superficiales o invasivos. Adherencias alrededor de las trompas.
• Grado IV – Severa: implantes múltiples, superficiales y profundos con grandes quistes..
fuente: revistasusana.com
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