REYNAZUL.

domingo, 16 de noviembre de 2014

"Maximiliano Guerra" se presenta en Córdoba con "Carmen": "El cuerpo es inteligente, sabio" Maximiliano Guerra se presenta en Córdoba con Carmen, junto con su esposa Patricia Baca y el Ballet del Mercosur, que ya cumple 15 años. Cómo vive una nueva visita a Córdoba.

 Es difícil catalogar a Maximiliano Guerra: es el excelente bailarín que triunfó en el mundo, el jurado estricto de Talento argentino, el participante ocasional de Bailando por un sueño, y es el tipo de barrio al que le gusta el fútbol, que se come un asado o juega al truco con los técnicos del teatro. Y es también el hombre obsesionado por la perfección, que por suerte nunca alcanza pero que no deja de buscar.
Este sábado a las 21.30 y el domingo a las 20.30 se presenta en el Teatro del Libertador, una sala en la que se siente en casa. Allí donde su mujer se formaba en la danza y se colaba para verlo cuando ella era chica y se deslumbra con él sobre el escenario.
Patricia Baca Urquiza será, justamente, quien lo acompañe en la nueva presentación en Córdoba, donde habrá un doble programa: Carmen, un clásico en versión contemporánea, con coreografía de Guerra y Gabriela Pucci y con música de Bizet, y Tango Paradiso, que repasa los diferentes estilos del tango argentino, con coreografías de Mora Godoy, Romina Guerra y Raúl Moreno y con música de Bajofondo, Stampone, Saborido, Pugliese, García y Troilo.
“Lo iba a ver, a escondidas”, confiesa Patricia, quien llegó a Córdoba junto a Guerra en esta nueva visita. Maximiliano dice que hacerlo en el San Martín es como llegar a su casa. “Casi siempre actué en el San Martín, aunque hubo períodos en la Ciudad de las Artes, el Real... y fuimos al Orfeo una vez”. Guerra recuerda cada visita, los años que pasaron de un espectáculo a otro, los escenarios, pero no se olvida de la gente que en cada uno conoce.
Al San Martín trajo Iván el terrible, hace tres años. “Es una hermosa sala. Uno que ha crecido en el Colón, en la Scala de Milan, llegas al San Martín y sentís que estás en casa –asegura–. Ya soy como local”.
Patricia agrega que están los técnicos que la vieron a ella estudiar desde chiquita y que estuvieron en todas las presentaciones de Maxi, por quien sienten mucho cariño.
–¿Te pasa en Córdoba o eso ocurre en todas partes?–En todos los teatros siempre me llevo bien con la gente. Te pasa esto de que es como una gran familia, ves caras de todos los años. Había una época que en el San Martín hacíamos espectáculos y después el asado con la gente abajo, cuando no estaba la parte nueva. En el Colón es igual. Veíamos partidos de fútbol con los técnicos, jugábamos al truco.
–Hay como una idea de que los artistas son como inalcanzables. ¿En la danza es distinto que en otra disciplinas?–No lo sé, no creo. Supongo que depende mucho de cómo es uno, de como te abrís a que te conozcan, y a conocer, a entablar una relación humana más allá del laburo. Para mí es lo que vale, tener relaciones humanas es lo que te enriquece y lo que después llevás al escenario.
Tipo de barrioPatricia interrumpe. Agrega cosas que a Maximiliano le cuesta decir, quizás por pudor. “Varias veces me han dicho que Maxi es como el tipo de barrio, el de Almagro, y al mismo tiempo el gran bailarín que estuvo en el Bolshoi representándonos. Seguramente es eso lo que produce empatía con la gente que está trabajando con él”.
–Lograste una popularidad desde una disciplina quizás menos popular que otras como la danza. –Pero la danza es algo cercano a la gente. Si bien hay mucha más gente que canta, en la ducha o en las reuniones familiares... el cantante lírico todavía está más alejado. La danza está cerca, aunque hay una cuestión de deseo, porque se te complica si lo querés hacer en una fiesta en tu casa. La guitarra la agarramos todos; tocamos mal, cantamos mal, desafinamos, pero nos divertimos.
Guerra vuelve a decir que la distancia o cercanía tiene que ver con “cómo se cree uno que está. La gente puede creer que hay un escalón más arriba y en realidad uno no está allí, somos seres humanos que hacemos esto. Todos caminamos por la misma vereda, todos tenemos que vérnosla con la Afip si nos manda una carta, todos llevamos a los chicos al colegio, vamos al supermercado”. Y agrega que está convencido de que la relación humana es la que enriquece.
El cuerpo mandaMaximiliano Guerra se mantiene en forma, acomoda el cuerpo y la mente cuando tiene temporada de giras, como la que emprendieron conCarmen y que está en el tramo final, ya pensando en nuevos proyectos.
–¿Qué te pide el cuerpo? ¿Te avisa, te demanda?–El cuerpo es inteligente, el cuerpo es sabio, te va diciendo todo: cuándo tenés que descansar, cuándo necesitás una hora más de sueño, cuándo necesitás alimento, y cuándo lo podés exigir un poco de más también. Te dice todo. Para mí son muchos años de muchas giras. Una vez viene a bailar a Córdoba desde Osaka, después de 36 horas de viaje... y mi cuerpo sabía y se preparaba para poder hacerlo.
–Las giras generan desgaste, supongo. –Te programás. Esta gira empezó en abril, y no paramos hasta el mes pasado. En esas tres semanas de descanso, el 80 por ciento de la compañía se enfermó. Te da el permiso, te dice que pueden parar.
–Con respecto al repertorio, ¿hay un momento para elegir un tango, o Carmen u otra obra?–Eso tiene que ver con la propuesta. Ahora estamos despidiendo de Carmen y ya tenemos otra, que nos sale a nosotros desde adentro. Y hacemos un estudio de ver también qué le podemos brindar distinto a la gente que tenga ganas de ver. Entonces están las ganas de uno y lo que le podés ofrecer nuevo y distinto, que no se vaya tanto de lo que venís haciendo. Hace muchos años me gustaba transgredir. Una semana hacía El lago de los cisnes y a la siguiente Charly García. Fui aprendiendo que está bueno mostrar que transgredís, que podés hacer otras cosas, que podés ir cambiando, como cambia el mundo, pero paulatinamente... como cambia el mundo.
La televisiónSu aparición en la televisión, un mundo desconocido para Maximiliano Guerra hasta Talento argentino, no es tan raro como parece. Él está convencido del enorme talento que hay en todas las provincias, en un país en el que “Dios atiende en Buenos Aires”. Por eso, vio allí una forma distinta de conocer nuevas figuras, y de darle posibilidades para mostrarse y llegar. Algo que también logra con su Ballet, que tiene bailarines de todo el país.
Su rol de malo en el jurado lo tomó desde la autoridad que le dan sus conocimientos de danza, de escenarios, de música. Y aunque fue como el juego del villano, no hubo que construir un personaje: “Él es tan exigente con los demás como lo es consigo mismo”, apunta Patricia.
Obsesivo, detallista, exigente, Guerra persigue la perfección, aunque sabe que “siempre estará un poco más allá”.
Esta noche y mañana, una nueva posibilidad de reencontrarse con su arte. fuente:lavoz.com.ar
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