REYNAZUL.

jueves, 10 de julio de 2014

Así despidió el jefe de redacción de Olé al Topo.

Falta una hora para empezar el partido. Olé llega a la cancha. Es la semifinal de un Mundial, el sueño que siempre perseguimos de luchar por estar en la final y no logramos conectarnos. Siempre, en todos los partidos anteriores, estábamos tres o cuatro horas antes en la cancha. Es un Mundial, cada minuto vale oro. Pero hoy es especial, es diferente. Hoy nos cuesta concentrarnos. Hoy estamos mal, no estamos como la situación merece.
Disculpen, sé que el estado anímico de un periodista no tiene por qué trasladarse a las páginas de un diario, pero hacemos lo que podemos. Que todas las personas, jugadores, técnicos, dirigentes, hinchas, todos tienen problemas, todos sufren pérdidas. Y siguen adelante, como pueden. Hoy nos toca a nosotros. Este trágico Mundial nos quitó a un compañero, a un amigo que conocimos hace 18 años, cuando nació Olé. Era un pibe de Olé de la primera hora. El campeón mundial del gaste, del buen humor, del chiste rápido, de la joda sana, un pibe que jamás pasaba inadvertido. Un laburante adorador primero de Saviola y hace ya un tiempo de Messi, bien del Barsa, castigador de Cristiano, Neymar y todo aquél que se le plantara a nuestro mejor jugador del mundo.
Un absurdo accidente de auto, otro más, como el de la hija de Tití, se llevó al Topo. Y con él se fueron todos nuestros sueños de este Mundial. En otras páginas de este diario será recordado por sus compañeros, como pueden, con el dolor en cada tecla apretada, cada uno que quiera decir algo lo podrá decir. Hay otros que también tienen mucho para decir, pero simplemente no sale. Es un nudo en la garganta, que comprime, que asfixia, en los puños, en el corazón, en las venas.
Tus compañeros que estamos en el Mundial, que compartimos alguna cena, algún desayuno, la prácticas, las charlas esperando la conferencia, te queremos. El Cholo, Chuky, Chicho, Martincito, Cachorro y Macchia a secas. Entre todos, estuvimos pensando qué hacer. No sabíamos si venir a la cancha, acá donde estamos esperando esta semifinal, quedarnos en el hotel o volvernos a casa. Simplemente no sabemos qué hacer, cómo seguir.
No sé si lo que hicimos está bien, Topo. Pero aquí, en la cancha, los periodistas argentinos vienen y nos saludan, nos abrazan, nos contienen. También de otros países. Mil mensajes de familiares, amigos, de gente que simplemente aporta una caricia, un grano de solidaridad. Tus compañeros de La Red, y los colegas que desde temprano se conmocionaron Te quieren todos, Topo.
Hay que seguir. Pero Dios, qué difícil es. fuente: clarin.com
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