REYNAZUL.

sábado, 3 de mayo de 2014

"Barry Norton": viajó a ver boxeo, se convirtió en estrella de Hollywood No muchos lo saben, pero un argentino triunfó en Hollywood. Alfredo Carlos Birabén fue a Estados Unidos como espectador del combate entre Firpo y Dempsey, pero no volvió. Se afincó y se convirtió en el actor de nuestro país con más filmes en la meca del cine.

Esta noche, Marcos "el Chino" Maidana se puede meter en el Olimpo del boxeo argentino. La empresa no será nada fácil, del otro lado tendrá al mejor libra por libra del mundo: Floyd Mayweather. Los fanáticos del boxeo lo seguirán por tele y seguramente algunos otros argentinos estarán en Las Vegas; incluso algunos viajaron a Las Vegas especialmente para seguir el combate. Hace algo más de 90 años otro argentino estaba en una situación similar a la del santafesino: Luis Ángel Firpo. El juninense haría historia en una pelea que fue bisagra, pero además fue la excusa que llevó a Alfredo Carlos Birabén a Estados Unidos. ¿Quién fue Birabén? Ni más ni menos que el argentino que más películas rodó en Hollywood bajo el seudónimo de Barry Norton.
Hijo de una familia acomodada del barrio de Belgrano, Birabén se fue en un selecto grupo de doce acompañantes del púgil que tenía la difícil misión de medirse con el campeón mundial de peso pesado. Con 18 años y las ganas de descubrir el mundo, el joven vio cómo el Toro Salvaje de las Pampas (apodo que acuñaría en Estados Unidos Firpo) sacaba del ring a Dempsey. Debió ser victoria para el argentino, pero el juez no estuvo a la altura y todo terminaría en knockout a favor de Dempsey en el segundo asalto.
Terminada la pelea, Birabén tenía el pasaje de vuelta, pero pidió permiso a sus padres para quedarse un tiempo más en el país del norte. Quería viajar, conocer otra cultura, abrirse al mundo. Problemas económicos no tenían los Birabén: Federico, el padre, fue un precursor de los estudios bibliotecarios en el país (pese a haber nacido en Montevideo) con diferentes cargos públicos. Su madre era parisina. Durante un año y medio estuvo enNueva York e incluso rechazó un ofrecimiento para entrar en la escuela de actuación de la Paramount: era un bon vivant y estaba muy cómodo con su estilo de vida. Luego se trasladaría a Chicago y por último emprendería su viaje rumbo a California. Los continuos envíos de dinero llegaron a su fin: sus padres le indicaron -ya cuando estaba en Los Ángeles- que si quería quedarse en aquel país debía valerse por sí mismo y conseguir un empleo que le permitiera sustentarse.
Para Birabén las cosas habían cambiado. Tenía 15 dólares en el bolsillo y en su primer trabajo, como ordenanza, fue despedido a los pocos días. Pasaba de ser un cajetilla a tener que encontrar la forma de ganarse la vida. Ahí fue cuando apareció en su cabeza la oferta desechada en el pasado y creyó que quizás la actuación podía ser lo suyo. Sin embargo, todos sus primeros castings fueron un fracaso: "no es nuestro tipo" era la respuesta más común.
Sin embargo, consiguió un huequito y así logró ser extra en un par de películas que le permitieron al menos comprarse un par de zapatos nuevos. Así lo contaba en la revistaPhotoplay, en 1929, cuando ya era una figura: "Fue interesante, me presentaron a las estrellas". Sin embargo, hubo alguien que creyó. El golpe de suerte. No fue frente a cámara, pero ingresó a los estudios United Artists como cadete. Juntó plata, se reunió con figuras como Douglas Fairbanks y entendió los tiempos de la industria. Lo más difícil ya lo había logrado, estaba adentro de la rueda.
Pese a la cantidad de pruebas en las que había sido rechazado fue tenaz. No quiso fracasar y tener que volver al país a seguir el mandato de su familia, que lo quería comolicenciado en relaciones internacionales. "¡Yo sabía que era bueno!", clamaba en la cima de su carrera en enero del '29. Irving Cummings lo vio y dijo lo contrario: "es justo el tipo que estoy buscando". Fue allí cuando debió cambiarse el nombre, por exigencia contractual de la Fox, la empresa que lo contrató. Él entregó una serie de potenciales seudónimos, entre ellos Barry Neilan, pero ante la existencia de otro Neilan definieron que su nuevo apellido sería Norton.
Su despegue se dio con What Price Glory, un filme de 1926 que narraba un drama de la Primera Guerra Mundial. Sin ser el actor principal sí tuvo bastante protagonismo y Norton -ya nunca más Birabén- empezó a erigirse como una figura en ascenso.Tenía apenas 21 años.
La Legión de los condenados y 4 Devils fueron otros grandes títulos -de 1928- que lo consagraron definitivamente. Lo comparaban con Rodolfo Valentino (estrella de la época) por su belleza, estaba en el pico de su carrera pero él no lo sabía. Es que Barry Norton era contemporáneo a un cambio que, si bien no fustigó su carrera, sí la cambio. Y no para bien. Llegaba el cine sonoro y ese avance tecnológico exponía algo hasta ahí desconocido para el público: su acento era diferente. Jamás logró volver a tener ese lugar de privilegio.
Pero no solo el desarrollo tecnológico le jugó en contra. Nadie lo imaginaba en enero, cuando hizo esa nota con Photoplay (donde marcaba que iba a verse con sus padres en París ya que no podía ir hasta Argentina, indicaban que era rico y que seguiría siéndolo y hablaban de sus potenciales romances), pero en septiembre se daría el crack de la bolsa en Wall Street y la crisis financiera pegó y muy duro. Ya no habría tanta plata fresca.
Sin embargo, ya se había logrado hacer un nombre para ese momento. Así como le había generado un inconveniente el cine sonoro, también le abría otra puerta: las cinematográficas no querían perder a su público latino y para resolver el problema idiomático decidieron rodar las mismas cintas con actores hispanos. Se usaban los sets originales y los latinos rodaban a contraturno, con otros directores. El experimento fue un fracaso, la gente quería ver a las estrellas originales, pero quedaron algunas joyas cinematográficas de ese período.
Una de estas piezas fue Drácula, en 1931. Mientras Bela Lugosi construía su mito en inglés, Barry Norton era uno de los protagonistas de la versión latina junto a los mexicanos Carlos Villarías y Lupita Tovar. Ella contó que el desafío del elenco era superar el trabajo de los originales a quienes veían en el set antes que ellos. Hasta allí los productores de Hollywood solo querían españoles en sus cintas porque creían que solo de esa manera podían tener un idioma pulcro. El diario ABC, en su crítica de 1931, señalaba a Norton ya "que cada vez habla peor nuestro idioma". Su pecado era tener el acento rioplatense.
En estos impulsos de películas habladas en español, Carlos Gardel aparece en la escena. Norton, junto a la actriz mexicana Rosita Moreno, presentan un número musical del Morocho del Abasto en Rosas de la Paramount.
No sería Gardel la única figura que se cruzaría en su camino. En una carrera descendente desde los comienzos del '30, Norton continuaría trabajando hasta su muerte (el 24 de agosto de 1956) con nombres tales como Charles Chaplin, Alfred Hitchcock, Marlene Dietrich, John Ford, Friedrich Wilhelm Murnau (de quien se dijo que fue su amante) o Humphrey Bogart. De hecho, tuvo un pequeño papel enCasablanca y se comenta que en algunos de los ratos libres le enseñó a Bogart algunos pasos de tango.
No todos sus trabajos están acreditados, pero trabajó en al menos 90 filmes y la cuenta podría ascender a casi 170, contando pequeños bolos. Su nombre no suena demasiado familiar (ni el real ni el seudónimo), pero es el argentino con mayor cantidad de filmes en Hollywood. Todo comenzó de la mano de Luis Ángel Firpo, quien no logró quedarse con el título de Dempsey pero fue el promotor, de manera indirecta, de la carrera de Barry Norton. ver nota completa en su fuente:clarin.com  

Por DIEGO HUERTA

Publicar un comentario