REYNAZUL.

viernes, 11 de abril de 2014

Pidió un suicidio asistido porque “no se adaptaba a la tecnología”.

Decía que no se adaptaba al nuevo mundo de la tecnología, los e-mails, el consumismo y hasta el fastfood . Y por eso decidió viajar a Suiza para realizar un suicidio asistido en la clínica Dignitas, la única de ese país (donde la práctica es legal) que acepta a extranjeros. Allí murió el 27 de marzo. La historia de esta docente británica jubilada, de 89 años, causa gran conmoción en la opinión pública inglesa porque no se trataba de una enfermedad irreversible sino de una depresión,que podría ser curada mediante otros métodos.
La clínica Dignitas es muy cuestionada en el Reino Unido. Desde que fue puesta en funcionamiento, a fines de los noventa, recibió a cientos de británicos con enfermedades graves que optaron por sus servicios de eutanasia. Las reglas de la misma clínica establecen que sólo se puede aplicar la “muerte dulce” a personas que sufren una enfermedad que las llevará inevitablemente a la muerte, o bien “un sufrimiento o una invalidez insoportables”. Y esto es precisamente lo que se cuestiona en el caso de Anne, como identifica la prensa a la docente que se quitó la vida.
Dignitas se presenta como una asociación que lucha por el suicidio asistido y el derecho de los pacientes a decidir su destino en el caso de enfermedades graves. En el mundo hay otras organizaciones similares, que promueven los mismos principios. fueente:clarin.com
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