REYNAZUL.

miércoles, 9 de abril de 2014

El libro en la era de la reproducción digital Edición. Las editoriales locales –grandes y chicas– están apostando por el ebook aunque todavía lo consideran un complemento del formato papel.

Hace poco más de una década, las hipótesis sobre el futuro del libro comenzaban a enturbiar el mercado editorial local. Jornadas de profesionales, intercambios entre editores, libreros, bibliotecarios y autores presagiaban tiempos difíciles. La caída de la industria discográfica, que había seguido al impacto de las nuevas tecnologías en el sector era el fantasma más temido. Pese a la resistencia pronto se advirtió que si no se acompañaba el ritmo de transformación iba a ser imposible estar a tono con los nuevos tiempos. Tanto los grandes como los sellos independientes comenzaron a acompañar un fenómeno que muestra caras distintas en la edición académica y la literaria y que ha modificado los hábitos de lectura y consumo.
“Las dos puntas de la cadena del libro, que son los autores y los lectores, están migrando muy rápido. Donde se encuentra el principal desafío, es en el desarrollo del medio, de la industria: editoriales, imprentas, librerías, distribuidoras y bibliotecas”, señala Octavio Kulesz editor y autor del informe La edición digital en los países en desarrollo (2011), realizado con el apoyo de la Alianza Internacional de Editores Independientes, en referencia al panorama del libro electrónico en la Argentina. Es claro, agrega, que toda la región atraviesa una etapa de transición en la que los diferentes países avanzan con ritmos y objetivos diferentes. Hace algunas semanas el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) –creado por el Gobierno de Colombia y la Unesco en 1971– publicó un boletín en el que aseguraba que los libros en formato electrónico siguen ganando participación en América Latina de acuerdo a los datos proporcionados por las agencias nacionales del ISBN.
“Acá hay un mercado incipiente porque no están instaladas las grandes tiendas digitales y los que manejan volúmenes fuertes son ellos. Las ventas suben mes a mes, pero venimos de cero”, dice Antonio Santa Ana, editor literario del grupo Santillana. Leandro de Sagastizábal, editor asociado de Capital Intelectual, cauteloso, considera que el libro electrónico aún no ha alcanzado volúmenes significativos y por ello “todavía no hay una decisión clara de armar las estructuras editoriales necesarias para esos manejos”. En coincidencia, Leonora Djament (Eterna cadencia editora), asegura que “la circulación del ebook es muy poco significativa en América Latina”; en tanto que Maximiliano Papandrea, del sello La bestia equilátera, advierte una tendencia en alza: “Si las comparamos con las ventas de libros en papel, las de ebooks son todavía muy bajas; pero hemos notado un crecimiento gradual y constante desde que lanzamos nuestros primeros títulos en 2012”. La percepción es compartida con Catalina Lucas, digital manager de Penguin Random House: “El crecimiento ha sido constante y exponencial. Los libros de nuestros autores llegan cada vez a más lectores”.
Kulesz advierte que en la Argentina hay experiencias interesantes en el terreno de la edición digital. “Editores que al comienzo trataban a lo digital como si fuera una herejía son ahora los principales convencidos. No es como hace cuatro años cuando el ebook era sinónimo de barbarie, hoy ya están todos metidos”. Al respecto Santa Ana bromea: “Estuvimos todos asustados mucho tiempo, ahora nos acostumbramos a vivir con miedo”.
Los editores coinciden en que aún se piensa en el libro electrónico con los supuestos con que se ha pensado al libro de papel históricamente y allí el error, porque es una lógica distinta. “El ebook todavía está demasiado asociado al libro en papel, es una suerte de formato comercial derivado. Salvo excepciones, por suerte cada vez más frecuentes, los libros todavía se piensan y hacen en papel y se convierten al formato digital, sin que medie ninguna reflexión acerca de las posibilidades verdaderamente innovadoras que brinda el formato” comenta Papandrea. Para Kulesz eso se explica porque el origen de la mayoría de los editores es el papel: “Seguimos teniendo la inercia y la lógica de la vieja industria en la cabeza”, dice, aunque admite que se advierte una tendencia embrionaria que va hacia la experimentación. “Poco a poco esto va a cambiar, a medida que el mercado crezca y los editores (y también los autores) nos atrevamos a pensar el ebook en su especificidad, como un formato nuevo, para lectores nuevos, que ofrece un sinfín de libertades expresivas, de difusión y de comercialización realmente nuevas”, sigue Papandrea.
Para todos es claro que hay una demanda de contenidos digitales que la industria del libro debe satisfacer. De Sagastizábal menciona que un claro fenómeno de nuestra época es “la lectura tipo zapping”, que es muy fuerte en los formatos digitales pero también desborda hacia el papel. En lo que refiere al formato digital, opina, “no es el mismo tránsito el que tiene el ensayo, la literatura o el libro de texto”. En los diferentes nichos, el ebook ocupa distintos lugares, según advierten los consultados. Los ensayos y textos académicos son los más permeables. “Hay mucha gente que sigue buscando libros de papel, pero para la lectura académica y universitaria, que no puede ser postergada, lo digital es imprescindible. El lector de ficción no tiene esa urgencia”, dice Kulesz, también editor del sello Teseo de distribución mixta de libros académicos bajo demanda.
A propósito de las mutaciones a las que las nuevas tecnologías han empujado al libro, Santa Ana cuenta: “ Lo primero que yo me compré con mis ahorros en formato libro fue un manual de acordes para tocar la guitarra, cuando tenía 14 años. Ya no se hacen más manuales, no tiene sentido, lo ves todo en Internet. Los libros de cocina se reinventaron para poder competir con Internet pero ya no se hacen libros como el de Doña Petrona. Tampoco existen las enciclopedias”.
Si el formato digital hará que pronto cada texto encuentre sus lectores, todavía, coinciden los editores, es una potencialidad que no siempre se cumple en el caso de los libros de ficción. Tal vez haya que esperar a que los canales de venta, distribución y difusión se diversifiquen y que la industria local desarrolle los propios. Hasta ahora uno de los grandes obstáculos que enfrentan los sellos, tiene que ver con los monstruos internacionales de ventas de libros electrónicos: “Es la primera vez que los canales de distribución son más grandes que la industria. Una cosa es negociar con una cadena de librerías y otra muy distinta negociar con Google”, explica Santa Ana.
En buena medida son ellos los que fijan las condiciones de juego, que impulsan ciertos textos que luego se transforman en fenómenos de ventas y que presionan a las editoriales al momento de fijar los precios de venta. “La fijación de precios del ebook es una cuestión muy discutida, a diferencia de los libros en papel, las políticas de precios varían mucho según cada editorial y hasta cada libro. Hay ciertos actores del mundo digital (las grandes librerías, sobre todo) que insisten en la conveniencia de poner precios bajos para incentivar la compra. Por momentos, tengo la sensación de que todos estamos haciendo experimentos, sobre todo en Latinoamérica”, cuenta Papandrea. Para Kulesz, las grandes empresas de Internet lo que hacen es catalizar el cambio porque “una vez que se cruza el río los editores y autores ya tienen el know how que les permite ir armando sus propias soluciones”. Quizás allí esté el horizonte. fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/
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