REYNAZUL.

martes, 18 de marzo de 2014

Llega a la cocina la primera máquina que “imprime” comida.

Y sólo era cuestión de tiempo: en algún momento tenía que pasar. Si la gran noticia del año pasado había sido el lanzamiento de las primeras impresoras 3D hogareñas –dispositivos capaces de obtener objetos físicos a partir de un archivo de computadora–, lo que venía después tenía que ir por el lado de la cocina. Y ahora llegó: una empresa española anunció ayer que, a fin de mes, empezará a vender las primeras maquinas que “imprimen” comida, a 1.000 euros por unidad.
El concepto es bien simple. La “impresora” se nutre de cinco cápsulas con ingredientes. A través de una aplicación de Android (el mismo sistema que usan los celulares), el usuario puede diseñar todo tipo de recetas. El software ofrece una “tienda de recetas”, en la que se puede compartir las propias creaciones. Allí, los chefs pueden subir sus ideas, y comercializarlas si quieren. Una vez elegido el menú, sólo es cuestión de cargar las cápsulas, presionar el botón indicado y ¡magia!: la impresora empezará a fabricar la comida.
Desde Barcelona, Emilio Sepúlveda –uno de los creadores de la impresora Foodini– explica a Clarín que la máquina prepara la comida pero, por ahora, no la cocina. “El equipo, por ejemplo, es capaz de preparar ravioles. Lo hace capa por capa: primero la masa, después el relleno, y después la capa que lo tapa. A esos ravioles se les puede dar todo tipo de formas. Pero una vez elaborados, queda para el usuario hervirlos. Lo mismo con las pizzas, que luego hay que llevar al horno. Para el futuro pensamos desarrollar equipos que también cocinen ”, asegura.
El emprendedor catalán cuenta cómo surgió la idea. “Nuestro equipo está formado por cuatro personas, dos de nosotros gestionamos pastelería tradicional. Vimos que la distribución de este tipo de mercadería es bien complicada. Tenernos que conservar los gustos, los olores y la imagen. Muchas veces, el proceso de distribución termina siendo más caro que el producto de pastelería en sí mismo. La solución que encontramos fue llevar la pastelería al usuario, tanto a pastelerías, como a restaurantes o a las casas”, dice Sepúlveda, y asegura que ya tienen demanda del equipo de casi cuarenta países.
El concepto de la impresora de comida se inscribe en la tendencia de equipar las cocinas hogareñas con todo tipo de máquinas: desde elaboradoras de pastas o pan, hasta microondas y multiprocesadoras.
Marcelo Ruiz Camauër, CEO de Kikai Labs –uno de los fabricantes argentinos de impresoras 3D– es algo más escéptico. Estima que faltan unos 10 años para que la gente adopte una impresora de comida como la Foodini. “Inicialmente será un chiche, pero a la larga se adoptará. Tiene que ver con la cultura de la gente. Por ahora las personas que compran estos equipos, los usen un par de veces, y después no los usan más”, argumenta.
Pero Sepúlveda parece tener todos los cabos bien atados. Dice que su empresa –Natural Machines– ya está en conversaciones con las principales marcas de alimentos multinacionales para que diseñen sus cápsulas de ingredientes. Y que, aunque se están desarrollando máquinas similares en los Estados Unidos, ellos ven la competencia en otro lado: en la comida rápida y los alimentos procesados.
“Ahora hay una tendencia hacia la comida sana y nuestra impresora permite que cada persona controle cómo elabora sus alimentos. No necesariamente hay que comprar las cápsulas. Cada uno puede elegir sus propios ingredientes. Esta forma fácil de elaborar comida natural es el gran cambio que mucha gente está esperando.”Por: Ricardo Braginski @NextClarin.
fuente:clarin.com
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