REYNAZUL.

martes, 18 de marzo de 2014

"Jan Koum": “Creé WhatsApp para que lo usaran mis amigos”.El inventor de "WhatsApp", la mensajería de celulares más exitosa del mundo, habló con VIVA como el ucraniano que no tenía teléfono en su casa natal y no como el millonario en el que se convirtió tras vender su creación a Facebook. Conocé la increíble historia de la estrella de las aplicaciones.

Esta historia se parece a una película berreta pero es real. Un adolescente ucraniano se va junto a sus padres a vivir a la Costa Oeste de los Estados Unidos. Es hijo único de un matrimonio de clase baja. Así que para estudiar en la universidad y comer tiene que lavar pisos y recibir ayuda social del Estado. Queda huérfano, deja los estudios para trabajar en Yahoo! y después de varios años, se va de la empresa para probar suerte con su propia idea. La bautiza WhatsApp, un mensajero instantáneo gratuito para celulares que gracias al boca en boca, en pocos meses se transforma en la aplicación obligatoria para millones de personas de todo el mundo y en una seria amenaza de muerte para el SMS.
¿El futuro? Llamadas sin costo y un reto directo a las telefónicas.
Cinco años después de la creación, Koum la vende en 19 mil millones de dólares. La compra Facebook, la red social más poderosa del mundo y que –destino caprichoso– un par de años antes lo había rechazado para trabajar. Y los papeles de la venta se firmaron en la puerta del edificio donde él iba a buscar el cheque de la ayuda social cuando en el bolsillo no tenía ni un dólar. El 24 de febrero de 2014, Jan Koum, el protagonista de esta historia, cumplió 38 años. Ahora son las tres de la tarde y me espera desplomado en un sillón y sin ningunas ganas de hablar. Está cansado, con el estómago descompuesto por la resaca de un festejo que se filtró en Internet y fastidioso porque no le gusta dar entrevistas.
Después de pasar varias puertas, saluda vestido de jeans, remera gris y buzo canguro negro. Es bien grandote, tiene panza, poco pelo y se ve bastante pálido. Es algo tímido pero no por vergüenza, sino porque parece ser esa clase de personas que están incómodas en cualquier lugar y situación que no sea cuando están solos frente a su computadora trabajando en lo que les apasiona. Pero tal vez no sea tan así porque cuando le digo que soy de Argentina, le cambia la cara. “Hace unos años fui a Buenos Aires y me encantó. Fue poco antes de empezar con WhatsApp. Es una ciudad con mucha onda, me gustaría volver”, dice.
Todos los periodistas le preguntan sobre lo mismo: la plata. “Son los mismos medios que hasta hace muy poco tiempo nos ignoraban o nos criticaban. Con respecto a la plata, no tengo nada para decir. Lo importante es qué haremos como empresa ahora que contamos con la ayuda de Facebook, que tiene muchos recursos valiosos, gente muy capaz. Vamos a seguir creciendo, pero no vamos a cambiar.” Se lo ve entusiasmado. Negará algún cambio en la empresa al menos cinco veces más durante la media hora que duró la entrevista. Quiere asegurarse de aclarar que seguirán como hasta ahora y que mantendrán su independencia respecto a dos temas que considera clave: publicidad y seguridad. No pondrán avisos de marcas y empresas ni tampoco guardarán, compartirán ni espiarán ninguna conversación entre dos usuarios. “Es falso que espiamos o usamos los datos de la gente –dice–. No almacenamos los mensajes que se mandan. Se almacenan en los teléfonos únicamente. Estamos en contra del rastreo de datos. Eso está en nuestro ADN como empresa y como personas. Valoramos mucho la privacidad y seguridad de cada uno. Hacerlo diferente sería ir contra nuestros principios y nunca lo hicimos. Ni siquiera sabemos la edad, su dirección o el género de nuestros usuarios. Apenas sabemos su número de teléfono y el nombre de usuario (que puede ser un apodo). Todos los rumores sobre este tema son absolutamente falsos”.
Koum nació y se crió en un pueblito cerca de Kiev, Ucrania. Madre ama de casa y padre trabajador de la construcción, no sobraba nada. Faltaba agua caliente y no tenían teléfono. Antes de irse a vivir a los Estados Unidos, se acostumbró a un ambiente en donde la comunicación no fluía. “No se podía hablar de cualquier cosa con desconocidos por miedo a que lo escuchara la Policía comunista. Las paredes tenían orejas.” Aquellos primeros años, aseguran los que lo conocen bien, fueron el germen para la idea de WhatsApp.
Mientras tanto, WhatsApp continúa firme su marcha. Ya acumula casi 500 millones de usuarios y se suman un millón nuevos cada día. Antes de fin de año planean lograr que mil millones de personas se comuniquen a través del logo verde. El modelo de negocios de la app, hasta ahora, es bien simple: se paga un dólar por año y en todas las plataformas, salvo en la de 33 Apple, el primer año es gratuito.
Muchos desarrolladores quieren vender sus ideas como “revolucionarias”
y las presentan con grandilocuencia como “salvadoras de la humanidad”. ¿Vos recordás cuáles eran tus objetivos cuando pensaste en WhatsApp? 
Yo quería construir una buena aplicación, era un desafío personal. Sentir que era bueno en lo que hacía porque yo era desconocido en el mundo de las aplicaciones. No, no pensé en algo más grande que eso. Yo sólo quería que todos mis amigos la usaran.
Cinco años después, ¿por qué creés que tuvo tanto éxito? 
Hay varias razones: nos focalizamos en mejorar el producto y que funcione con tu libreta de contactos, lo que favoreció a que se haga conocida muy rápido sin que tuviéramos que pagar nunca ni un dólar por publicidad tradicional. Los mensajes llegan rápido con muy poca conexión. Fue importante estar disponibles para todas las plataformas y sistemas operativos. Y también, bueno… a todos les gusta escribir algo y que la persona que le importa lo lea y responda, desde cualquier lugar del planeta. Somos personas. La comunicación es algo que está en nuestro ADN y la app conecta a personas.
¿Significó algo para vos ir a firmar la venta de WhatsApp a la puerta de la agencia donde ibas a retirar los cheques de la ayuda social?
En realidad firmar ahí fue una idea de Jim (NdeR: Jim Goetz, la persona del fondo Sequoia Capital que hace dos años invirtió 8 millones en la aplicación). Al principio no estaba particularmente emocionado y me daba igual pero después él me convenció de hacerlo y me di cuenta que tenía razón. Fue algo simbólico que estuvo bien. Los 19 mil millones de dólares de la venta los pagará Facebook de esta manera: 4 mil millones en efectivo para los fundadores. Doce mil en acciones de la red social y los tres mil millones restantes a distribuir en el futuro entre los empleados que aceptaron unirse a WhatsApp cuando era sólo un sueño de Koum. El se niega tímido pero con firmeza a hablar de plata. No hablemos de plata real, usemos la imaginación. ¿Cuánto hubieras pagado vos hace un mes por WhatsApp? Por primera vez sonríe y dice: “No se trata de plata”. fuente:clarin.com
Por: Leandro Zanoni, Especial Para Revista VIVA @Zanoni
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