REYNAZUL.

martes, 22 de octubre de 2013

Singapur, el país de los sueños POR IVANA COSTA / ESPECIAL PARA CLARIN Arquitectura futurista, tradiciones ancestrales y una economía pujante definen a este destino del sudeste asiático. Un recorrido que asombra a cada paso, entre templos, mercados, costumbres y sabores típicos.

Esa línea de allá es Indonesia. Eso es Malasia. Esos barcos vienen de la China. Aquellos otros van hacia el Mar de Timor”. Desde la terraza del piso 56 de las torres Marina Bay, en Singapur, nuestra experta guía, Peggy Lim, da la impresión de un completo dominio del paisaje. Todo tiene un aire de fábula. A esta altura, con las nubes momentáneamente grises, a poca distancia, y los transatlánticos moviéndose allá abajo como fichitas descoloridas del TEG, la posición de Peggy Lim se parece a la del Zeus que mira, desde el monte Ida, a los aqueos que rodean las puertas de Troya. Así estamos nosotros, recién llegados, como los guerreros vengativos de la Hélade, ávidos por ingresar a esta ciudad, considerada lo más exquisito del sudeste asiático.
Singapur es, como las antiguas griegas, una “ciudad estado”: un país muy pequeño que en cuarenta y ocho años que lleva de república independiente logró convertirse en uno de los cuatro Tigres Asiáticos. Está formado por la gran ciudad de Singapur, pujante y cosmopolita; una magnífica geografía tropical que la circunda (y siempre está en riesgo de desaparecer); más unas 63 islas esparcidas por el mar.
El país entero es como una esquinita escindida de la península de Malasia, prácticamente cayéndose sobre las aguas de un estrecho, al que continuamente se le extrae un metro más de tierra edificable. Es fácil recorrerlo todo: cómodos y modernos los transportes; la ciudad, una mezcla apacible y pintoresca de culturas y relieves; las reservas naturales, de acotada exuberancia, lagos, selva ecuatoriana, playas, todo está a un paso.
Sofisticada modernidad
A unque la vida del país está en gran medida ligada a su puerto, que es el segundo más importante del mundo, después del de Shanghai, la zona portuaria no forma parte de los atractivos turísticos urbanos. La febril actividad naviera y pesquera aparece disimulada por un profuso despliegue de monumentales piezas arquitectónicas que deslumbran por imponentes y por ser, muchas de ellas, francamente curiosas. Como el jardín futurista de Gardens by the Bay, en el que brillan el Domo de las Flores y los Supertrees. El Domo está hecho como una serie de invernaderos gigantes, de vidrio sostenido por estructuras de hierro y concreto: acaso una versión ultra aggiornada de los jardines de invierno que adornaban las mansiones de los antiguos colonos británicos.
Los Supertrees, como indica el nombre, son tremendos árboles de cemento y metal, de entre 25 y 50 metros de altura, todos cubiertos de especies vegetales. Mezcla rara de museo botánico, escultura viva y estrafalaria sombrilla urbana, los Supertrees no sólo desarrollan y conservan especies exóticas en su interior; también replican a los árboles verdaderos, ya que tienen funciones robóticas que reproducen, a escala, los procesos fisiológicos de las plantas.
En la ciudad se respira un aire de sofisticada modernidad. Todo es pulcro. Todo es nuevo (o parece nuevo). Todo funciona bien. La cantidad de centros comerciales lujosos es algo desproporcionada, como el precio de los objetos que venden los locales de las grandes firmas. ver nota completa en su fuente:clarin.com
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