REYNAZUL.

domingo, 8 de septiembre de 2013

El horror de la chica esclavizada por un pastor, un drama que nadie quiso ver POR SERGIO DIMA Pasó casi dos años cautiva en Tapalqué sin ser rescatada, pese a que familiares, vecinos y funcionarios municipales lo sabían. “Nadie me ayudó”, dice el padre, hoy cuestionado.

Ella contó que la obligaba a tirarse sobre la cama, desnuda y boca abajo, que le ataba las manos por la espalda y luego le recorría el cuerpo con un cuchillo. También detalló que viajaban a la ciudad de Azul y que allí él elegía hombres al azar para que ella les ofreciera sexo. Que la escuchaba a través de su teléfono celular y que luego, tras el abuso, él les pedía el número telefónico a estos desconocidospor si alguna vez se le ocurría volver a convocarlos.
La historia comenzó a conocerse el 17 de julio, cuando la adolescente (tiene 18 años y su nombre se preserva para resguardar su intimidad) salió corriendo de una fábrica de chacinados frente al balneario de la localidad de Tapalqué y fue rescatada por un grupo de vecinos que la llevaron a la comisaría. Jorge Antonio Torres (43), el pastor de los Testigos de Jehová que hasta entonces la había tenido esclavizada, intentó recapturarla, pero los vecinos se la arrancaron de las manos mientras la golpeaba y la arrastraba por la calle.
Ante la Policía, la chica dio algunos detalles tímidos de lo que había tenido que atravesar durante casi cuatro años. La primera vez que Torres la violó –contó ella– tenía apenas 14 años. Había comenzado a frecuentarlo un año antes, cuando el pastor –que había llegado al pueblo junto a su esposa y a una hija para liderar como “anciano de la congregación” una iglesia de los Testigos de Jehová–, empezó a comprarles miel a sus padres.
En la Fiscalía, la chica avanzó con los pormenores del secuestro y las violaciones que había sufrido, que incluyeron torturas, prácticas sadomasoquistas, sexo con personas a las que nunca había visto e incluso, episodios de zoofilia.
Torres fue detenido el 2 de agosto en su casa, mientras miraba pornografía. Hoy está alojado con prisión preventiva en la cárcel de Alvear, acusado de estupro, secuestro, reducción a la servidumbre, abuso sexual agravado, corrupción de menores y desobediencia.
El hecho trascendió esta semana, cuando el fiscal Javier Barda, de Azul, presentó su acusación. El miércoles, algunos vecinos de Tapalqué reaccionaron incendiando el frente de la casa en la que Torres tuvo cautiva a la adolescente. Y todos empezaron a preguntarse cuál fue la actitud de los padres de la chica mientras todo esto ocurría, algo que ahora también se cuestiona la Justicia.
Mario Barbero, el padre, dijo que había hecho varias denuncias policiales porque no aceptaba que su hija conviviera con Torres, 25 años mayor que ella. La Policía salió al cruce rápido, asegurando que esto no sólo no era cierto, sino que además la chica había denunciado a su papá en 2010 por amenazas. La Policía también buscó dejar a Mario varado entre las sospechas, al mostrar documentos queprueban que en 2011 salió como garante de Torres para que éste instalara su fábrica de chacinados.
Luego de los incidentes, la Policía, el Municipio, la Fiscalía y el juzgado cerraron filas y se sumergieron en el silencio. Mientras tanto, Mario insistió en que él hizo lo que pudo para sacar a su hija de esa casa. “Yo no estaba de acuerdo con la relación por la diferencia de edad, no sabe la cantidad de veces que intenté sacarla de ahí. Hice todo lo que pude, hice denuncias y nadie me ayudó. El problema es que no tengo los papeles para comprobarlo. Las denuncias de ella por amenazas, las hizo porque tenía la cabeza lavada por Torres. Y es cierto que le salí a él de garante, porque mi hija me lo pidió”, afirmó Mario, albañil, separado. Tiene 4 hijos: la mayor, casada con un policía.
Los interrogantes que surgen alrededor del caso apuntan a un encadenado de responsabilidades que van desde el propio abusador, pasa por los padres y familiares de la chica, pero también roza a las distintas instancias estatales. Hubo reuniones con equipos escolares interdisciplinarios cuando ella abandonó el colegio –estudiaba en la Escuela Media 1– de las que participaron tanto sus padres como Torres. También intervino el servicio local de Protección y Promoción de los Derechos del Niño/a y Adolescentes.
“Nunca vieron nada raro”, indicaron, insólitamente, fuentes del Municipio que pidieron no ser identificadas.
“Ella ocultaba todo”, esgrimió el padre de la víctima, a quien su familia ya le acercó por las dudas un abogado que él rechazó. Nadie podía desconocer la convivencia de la su hija con el ahora detenido: tanto su madre como Mario solían verla.
Todos en Tapalqué sabían que la chica vivía en esa casa amurallada de la esquina, que se convirtió en un misterio absoluto para los vecinos cuando la esposa de Torres agarró a su hija y se volvió a Tandil, porque su marido la maltrataba.
Fue entonces, hace casi dos años, que la chica dejó la escuela, no vio más a sus compañeros, no tomó más clases de guitarra, los vecinos dejaron de cruzársela en la calle con su pollera negra de los Testigos de Jehová y nadie hizo preguntas. Todo en un pueblito de 7.000 personas, donde el silencio disimuló una historia real de terror. fuente:clarin.com
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