REYNAZUL.

domingo, 8 de septiembre de 2013

“Basta de guerra”: Emotivo llamado del papa Francisco por la paz en Siria POR JULIO ALGAÑARAZ Fue en la vigilia que convocó en San Pedro y en todo el mundo. Apuntó así a detener un eventual ataque militar a ese país. Más de 100 mil personas escucharon su mensaje en sobrecogedor silencio.

“La guerra tiene el lenguaje de la muerte”, dijo el Papa anoche, que repitió –como el domingo pasado– “¡basta de guerra!” para detener la intervención armada de Estados Unidos en Siria, que parece casi inevitable. En una meditación ante una multitud de cien mil fieles que esta vez hicieron largos silencios, no gritaron nunca y no lucieron banderitas ni enseñas como es usual, Francisco explicó: “Hemos perfeccionado nuestras armas pero nuestra conciencia se ha adormecido, hemos hecho más sutiles las razones para justificarnos y, como si fuese una cosa normal, seguimos sembrando destrucción, dolor, muerte”.
La vigilia de paz que el Papa argentino convocó hace una semana, en una jornada de ayuno y oración, duró cuatro horas –entre las 7 y las 11 de la noche (cinco horas menos en la Argentina)– y fue una de las ceremonias más atípicas que este corresponsal ha visto en cuarenta años en la plaza de San Pedro. Totalmente distinta, sin gritos ni aclamaciones, con Jorge Bergoglio que por primera vez no recorrió en el jeep descubierto los senderos que le abren para que se dé el baño de multitud, cada día más entusiasta. Había muchos controles electrónicos en los accesos a la plaza y a la gente le pedían que no hiciera flamear banderas, que si eran grandes no pasaban.
Los temores por la seguridad estaban latentes, pero no hubo deserciones entre los fieles.
La multitud sintió el momento distinto, lo acompañó sobre todo con largos silencios dedicados a las oraciones colectivas e individuales.
El Papa quería una vigilia (hoy se celebra el natalicio de la “Reina de la paz”, la Virgen María) muy sobria. Su meditación comenzó una hora después de iniciada la celebración, con la llegada de una imagen de la virgen y el rezo del rosario. Mientras tanto, en toda Italia hubo centenares de ceremonias parecidas en catedrales, basílicas y parroquias, seguidas de procesiones.
Cantó el coro de la Capilla Sixtina, se escucharon bellos solos de arpa y de un cuarteto de cuerdas, los locutores de la radio Vaticana leían el rosario y fieles seleccionados leyeron pasajes de los Evangelios. Todo fue seguido de silencios que se hicieron ensordecedores. La sobriedad, el recogimiento de la multitud, eran el símbolo de la angustia que vive el mundo con la guerra que se viene sobre la contienda civil en Siria que ya dura dos años y medio. Todo puede empeorar, descontrolarse. La guerra “constituye siempre un fracaso de la humanidad. Debemos seguir otra vía”. “En la querida nación siria, en Oriente Medio, en todo el mundo, recemos y trabajemos por la reconciliación y la paz”.
Silvia y Marta, dos chicas argentinas estudiantes de agronomía portadoras de sendas cartas que soñaban entregar a Francisco, las consignaron a un gendarme vaticano que prometió hacerlas llegar. “Hay que preguntarse qué pasaría hoy sin la intervención de Francisco que despertó la conciencia de todos. Estamos en peligro, nos dice el Papa, tenemos todos que luchar por la paz”, dijo Marta a Clarín.
Las chicas compatriotas estaban impresionadas con la meditación de Francisco, que dijo: “Quisiera pedir al Señor que cada hombre y mujer de buena voluntad gritara con fuerza:¡La violencia no es jamás el camino hacia la paz!”. La respuesta de la multitud fue un fuerte, prolongado pero módico aplauso de apoyo al pontífice. No hubo ningún grito de aprobación.
“¡Calle el ruido de las armas!”, dijo con énfasis pero sin vehemencia.
Para todos era evidente que el presidente estadounidense Barak Obama era el principal destino del mensaje del Papa, que se preguntó si “el mundo que queremos es un mundo de armonía y paz, como Dios lo ha creado, o si también están la violencia, las divisiones, los enfrentamientos, la guerra”.
Reunir al solidario “ejército de la paz” en la movilización mundial de ayer es el núcleo de la ofensiva del Papa, que ayer lució en todo momento un rostro entre triste y preocupado. Sentado en un sillón blanco en el hemiciclo de la basílica, frente a la plaza, Bergoglio meditó durante un largo rato sin decir una palabra, a veces con la cabeza gacha.
Más allá de los accesos, junto a las columnas, argentinos que no pudieron entrar con sus banderas siguieron las oraciones en árabe de un grupo de sirios musulmanes que ondeaban cuatro banderas de su país y leían el Corán, en apoyo de la iniciativa de paz del Papa “al que estamos muy agradecidos”.
Ayer, el nuevo Secretario de Estado,Pietro Parolin, que asumirá el 15 de octubre, dijo que la situación es grave porque “están en juego los equilibrios del mundo, la convivencia presente y futura de varias religiones y de los grandes grupos étnicos”. Concluyó que “si la violencia prosigue, no habrá vencedores sino sólo derrotados”. fuente.clarin.com
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