REYNAZUL.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Por la crisis en Europa, ya se habla de una “recesión de bebés” Es porque los jóvenes postergan tener hijos en medio de recortes salvajes y desempleo.

En el norte de Portugal, los indicios de la crisis económica son claramente visibles: desde los comercios cerrados a los hombres de mediana edad pobremente vestidos que pasan la tarde sentados en las plazas de Porto.
En el elegante puerto de Viana do Castelo, un joven de 24 años que habla un impecable inglés es uno de los ejemplos de cómo está afectando esa situación a la vida hogareña.
Y no tiene problemas en contar su historia.
El había abandonado la carrera de administración deportiva porque su familia no podía pagar sus estudios y los de su hermano al mismo tiempo. Estaba evaluando la posibilidad de dejar el radiante sol de la costa atlántica una vez que se terminara su empleo de verano para trasladarse primero a Porto, la gran ciudad más cercana, pero luego, si no podía encontrar trabajo allí, a la rica Noruega, cuyas compañías necesitadas de talento envían emisarios a las ferias locales de empleo. En Portugal, el índice de desempleo es del 17,4 por ciento; en Noruega, del 3,4 por ciento.
Mientras que a su edad sus padres ya habían echado raíces y habían tenido a su primer hijo, su situación financiera hacía que eso fuera imposible.
El y su novia tendrán que encontrar empleo permanente, quizá a miles de kilómetros de su hogar, antes de pensar en formar una familia.
Su tono es resignado, filosófico, el de alguien que acepta lo injusto de su destino encogiéndose de hombros en lugar de mostrar la rebeldía que se evidencia en algunos grafitis locales.
Estas son sólo anécdotas al paso, pero este relato se repite muchas veces y en muchos países en los últimos cinco años, en los que los jóvenes tienen grandes dificultades para armar su vida en medio de recortes de gastos salvajes y un desempleo astronómico.
Por eso tal vez no sea sorprendente que muchos hayan reaccionado dejando su país natal o demorando la formación de una familia. Entre 2010 y comienzos de 2013, Portugal, España e Irlanda perdieron alrededor del 2 por ciento de su población en edad de trabajar debido a que los trabajadores emigraron en busca de empleo.
Como señaló Marchel Alexandrovich, de la firma de banca de inversión Jefferies en una nota reciente, esto puede tener una incidencia de largo plazo en la viabilidad económica de estos países, al reducir la cantidad de contribuyentes que financian el gasto público mucho después de terminada la batalla para salir de la recesión.
“En pocas palabras, una población más chica significa una base imponible potencialmente más chica, si todo lo demás sigue igual. Esto implica que, aun cuando estas economías vuelvan al ‘pleno empleo’, la recaudación impositiva será menor que la calculada antes de que comenzara la recesión”.
El libre movimiento de la mano de obra es un principio básico de la Unión Europea, pero, como marcó Alexandrovich, esto puede significar que los países miembros en dificultades inviertan en educar a los jóvenes para luego verlos partir a Alemania o Francia y pagar impuestos allí.
Aplazar la decisión de formar una familia es otra reacción comprensible, y documentada, ante las penurias económicas.
Un artículo reciente de Eurostat, la oficina de estadísticas de la UE, planteaba que Europa podría estar encaminándose a una “recesión de bebés” y señalaba la relación en una serie de países de la eurozona (que casualmente no incluía a Portugal) entre el comienzo de la recesión en 2008-09 y la caída de los índices de natalidad.
España, Grecia e Irlanda han experimentado una marcada reducción de los índices de natalidad desde que se inició la crisisporque las parejas deciden que un hijo es un gasto que simplemente no pueden afrontar. Entretanto, el envejecimiento de la población en varios países de Europa ya significa que hay menos mujeres en edad fértil. La combinación de estos factores ha dado como resultado un descenso en los índices de natalidad en 24 de los 31 países que estudió Eurostat entre 2008 y 2011.
Para algunos países que parecían haber sido los más beneficiados con la incorporación al euro-club durante el auge de los primeros años de la década de 2000 –sobre todo Irlanda–, era una señal de éxito que, después de décadas de emigración neta, los jóvenes talentosos eligieran buscar su destino en casa. Pero la corriente ahora se ha invertido. Y eso quiere decir que, como expresa Alexandrovich, “aun cuando termine la recesión, el daño sufrido por algunos países de la zona euro será más permanente de lo que en general se piensa”.
Traducción: Elisa Carnelli. fuente.clarin.com
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