REYNAZUL.

lunes, 26 de agosto de 2013

Los sauditas buscan rescatar a Egipto de una crisis económica profunda POR GUSTAVO SIERRA Anunciaron una ayuda de US$ 12.000 millones para paliar el derrumbe del turismo y el freno del crecimiento.

Cualquiera puede sentirse hoy un Howard Carter, el arqueólogo que descubrió la famosa tumba de Tutankamón. Entrando a caballo desde el desierto, las pirámides de Giza, a unos pocos kilómetros del centro de El Cairo lucen tan desiertas como cuando Carter entró al Valle de los Reyes en 1922. Este lugar que en cualquier otro momento está repleto de turistas, este domingo está vacío. Apenas algún que otro egipcio que aprovecha la oportunidad de ver sus pirámides y la esfinge de Giza sin que ningún turista le clave en un ojo uno de los paraguas que utilizan para protegerse del sol. El portón principal del predio de ocho kilómetros que rodea el sitio está cerrado por la policía, pero los guías llevan al visitante ocasional por la parte trasera enclavada en el desierto.
“Estamos desesperados”, dice Labib Jawhar mientras prepara los caballos, “en un día común puedo hacer hasta siete u ocho viajes con turistas. En los últimos 40 días desaparecieron todos los extranjeros. Si no regresan pronto, nuestros hijos van a tener hambre”.
El turismo representa apenas el 8% del total del PBI egipcio pero maneja al menos otro 10% o 20% de la economía informal. “Es el motor de nuestra economía”, explica Kamil Malahmud, de un banco de inversiones cairota. Las grandes movilizaciones que provocaron la caída del gobierno de los Hermanos Musulmanes a principios de julio, el golpe de Estado militar y la represión de los últimos días que dejó al menos mil muertos han afectado no sólo al turismo sino a todos los sectores de la economía egipcia. El gobierno de Mohamed Mursi había previsto un crecimiento del PBI de un 4% para el período 2013/2014. “No vamos a llegar de ninguna manera. Este trimestre será negativo y si alcanzamos un 2% tendremos que sentirnos afortunados”, opina Wael Ziada, economista del banco de inversiones EFG-Hermes. Ya se había registrado un enorme freno de la economía en 2011 con las revueltas que terminaron con los 30 años de la dictadura de Mubarak: se pasó del 5,1% al 1,9% de crecimiento.
Las más afectadas son las industrias manufactureras de automóviles y electrodomésticos que exportan a todo el mundo. General Motors detuvo buena parte de la producción y todo el turno noche por el toque de queda que va desde las siete de la tarde hasta las seis de la mañana. Y la escandinava Electrolux ya anunció la suspensión de parte de su personal.
Todo esto aumenta la tensión que existe desde hace tiempo por los bajos salarios y la inflación que ronda el 10% anual. Las expectativas que trajo la revolución del 2011 y los ecos de la “primavera árabe” fueron demasiado altos. Los sindicatos comenzaron a movilizarse y los conflictos laborales pasaron de 530 en el 2010, cuando la dictadura aplastaba cualquier atisbo de rebeldía, a más de 2.000 el año pasado. El desempleo ronda el 14% aunque hay muchos más egipcios sin trabajo y no están registrados. Samir Radwan, que fue ministro de Finanzas del gobierno de transición, llamó a concretar de inmediato una mesa para negociar salarios entre trabajadores y empresarios “porque sin eso no habrá gobierno que aguante la conflictividad”.
Pero los hermanos sauditas no quieren que llegue la sangre al Nilo y ya dijeron que darán un generosísimo préstamo al nuevo gobierno militar para que estabilice la economía y pueda concretar una transición ordenada. Arabia Saudita, los Emiratos Árabes y Kuwait anunciaron una ayuda de 12.000 millones de dólares en préstamos bancarios, donaciones y combustible. Ya se hizo la primera transferencia de 5.000 millones. “Aquellos que están amenazando con castigar a Egipto quiero que sepan que hay hermanos árabes y musulmanes dispuestos a ayudar con lo que sea necesario”, dijo el canciller saudita, el príncipe Saud al Faisal, en desafío a la actitud de la Administración Obama, que mantiene congelada la ayuda de 1.300 millones de dólares al año.
Pero antes de que mejore la economía tendrá que haber una estabilidad política y social. Algo que no será muy fácil. Los islamistas Hermanos Musulmanes volvieron a la clandestinidad luego de que sus principales dirigentes fueron muertos o encarcelados. Pero van a sacar la cabeza cada vez que lo crean conveniente. A ellos se sumarán los atentados de grupos jihadistas que lograron penetrar el país. Y están los jóvenes liberales cuyas demandas de mayores libertades lograron movilizar a gran parte de la población y derrocar a Mubarak y después a Mursi.
Los egipcios medios, en tanto, esperan que se normalicen las cosas. “¿Cómo van a venir turistas? ¡Si para ver las momias deben pasar por entre tanques y ametralladoras!,” se queja Rashid Sulayman, guía del famoso Museo Egipcio, a pasos de la plaza Tahrir, que sigue acordonada por los soldados. fuente.clarin.com
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