REYNAZUL.

sábado, 3 de agosto de 2013

Le dijeron que habían matado a su nieto y murió del disgusto POR SERGIO DIMA Edgardo Lomez tenía 82 años. Sufrió un infarto apenas le dieron la noticia de que a su nieto policía lo habían asesinado en el GBA. El sargento fue baleado cuando quiso identificar a dos jóvenes en moto.

El abuelo no lo aguantó. Ayer a la mañana, en Tapalqué, Edgardo Lomez –un hombre de bigotes largos y el cuerpo cansado– aún no se había enterado de que en la noche del jueves su nieto policía había sido asesinado de un tiro en el pecho mientras perseguía a dos jóvenes en moto a los que pretendía identificar. Eran casi las once de la noche y el silencio en la localidad de Villa Bosch (partido de Tres de Febrero) se había roto de forma repentina.
Einar Félix Galarce tenía 24 años, era sargento de la Bonaerense y trabajaba en la Comisaría 9a. de Tres de Febrero. El joven había egresado de la escuela de Policía de Olavarría hace tres años. Apenas salió, fue trasladado junto a muchos otros de su misma camada hacia distintas comisarías en el conurbano bonaerense. Lejos de su Tapalqué, una localidad de 7.000 habitantes ubicada a 273 kilómetros de la Capital.
En medio del dolor por lo sucedido con Einar, la familia le ocultó la mala noticia al abuelo, de 82 años, todo lo que pudo. Pero ayer todo el pueblo hablaba del crimen del policía y ya no les quedó opción. Se lo dijeron y fue instantáneo: el hombre se descompensó del disgusto y murió a los pocos minutos.
La muerte del abuelo sumó consternación a una familia y a una ciudad que ya se había despertado conmocionada por la muerte de Einar, un chico que volvía a Tapalqué cada vez que sus francos le permitían pasar un tiempo con los suyos.
Nunca había abandonado la idea de volver a su pueblo, apenas la profesión se lo permitiera.
En la tarde de ayer, miles de vecinos y amigos se congregaron en la iglesia San Gabriel Arcángel para rezar por Einar y su abuelo. Ambos habían sido velados en la única casa fúnebre que tiene el pueblo. Luego del responso, marcharon hacia el cementerio local para despedir a nieto y abuelo. Allí también estuvieron algunos jefes de la Policía de San Martín, donde Einar trabajaba.
“La familia está destrozada”, le dijo un allegado a Clarín. El sargento era el mayor de tres hermanos. Soltero y sin hijos, estaba de novio con una chica de Azul y admiraba a Emanuel Ginóbili. Era fanático de Boca y de los autos. Apenas terminó el secundario, se fue para Olavarría y entró en la escuela de Policía. Ni siquiera se permitió hacer el viaje de egresados a Bariloche, para no generarle problemas económicos a su familia. La madre, María Esther, es docente jubilada. Su padre, un ex operario de un frigorífico.
Ayer, sus compañeros de la Policía también expresaron su conmoción en las redes sociales. “Qué mejor que recordarte así flaquito, compañero, amigo, buena persona. Hoy y siempre presente entre nosotros, te voy a extrañar”, escribió uno de ellos. “Una masa el flaco. Siempre en nuestra memoria”, agregó otro. “Einar tiene una familia y amigos que lo esperaban a 300 kilómetros de su lugar de trabajo. En Tapalqué estamos de luto”, fue otra de las expresiones.
Einar Galarce fue asesinado en la noche del jueves cuando, junto a un compañero, quiso identificar a dos jóvenes que iban en una moto e intentaron escapar. Luego de una maniobra, la Honda 250 chocó contra el móvil policial en el que patrullaban Galarce y el sargento Walter Ortellado. Los dos sospechosos rodaron por el pavimento.
Fue entonces que uno de los jóvenes empezó a disparar contra los policías. Tiró al menos cinco veces. Einar se llevó la peor parte: recibió un balazo en el tórax y cayó muerto en el lugar. Ortellado fue herido en un brazo y en una pierna. Uno de los agresores fue detenido en el lugar: “Estaba herido y fingió estar muerto tras dispararle a Galarce, hasta que llegó la ambulancia ”, dijo una fuente del caso. El otro sospechoso escapó, pero fue atrapado más tarde en Moreno (verUn detenido adolescente...).
Anoche, en Tapalqué, los vecinos convocaban a una marcha por justicia.
Entre los colegas de la víctima, sonaban dos quejas: la vida difícil de los jóvenes policías con destinos muy lejos de sus pueblos, y la poca experiencia del joven sargento asesinado para salir a patrullar el conurbano. fuente:clarin.com
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